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NOTICIAS - SEPTIEMBRE 2026
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Para entender la relevancia de este hallazgo, primero hay que explicar dos siglas que cada vez se escuchan más en el mundo de la salud:
“Una persona empieza con MASLD y avanza a MASH; de manera eventual, tal esteatohepatitis, que no es una infección sino inflamación, va dejando cicatrices con el tiempo y finalmente aparece la cirrosis por demasiada cicatrización”. Señala el Dr. Mazen Noureddin, hepatólogo y especialista en trasplante hepático del Sherrie y Alan Conover Center for Liver Disease & Transplantation del Houston Methodist Hospital.
Enfermedad silenciosa que avanza sin avisar
“El avance de esta enfermedad del hígado va de la mano del aumento de la obesidad y la diabetes tipo 2 en todo el mundo; se ha convertido en la más común, incluso por encima del alcohol”, advierte el Dr. Mazen Noureddin.
“Desafortunadamente, muchas veces no hay síntomas. La gente puede sentirse cansada, tener un dolor inespecífico en el abdomen o ver pruebas hepáticas alteradas en la sangre y no hacerles caso. Es una enfermedad muy silenciosa y por eso las personas deben prestarle atención”, explica el investigador.
Dentro del hígado, la inflamación deja cicatrices que poco a poco le quitan espacio al tejido sano. Con el tiempo, el órgano empieza a fallar en tareas esenciales para el cuerpo, como procesar grasas, azúcares, medicamentos y toxinas, entre otros.
Hallazgo que abre una nueva etapa
“Este es un hallazgo importante porque sugiere que podríamos detener la MASH antes de que progrese a cirrosis avanzada, insuficiencia hepática y la necesidad de un trasplante. Durante años, la cirrosis fue considerada irreversible, pero la experiencia con hepatitis B y C demostró que el daño en etapas tempranas puede revertirse. Este es el primer estudio que sugiere que un medicamento podría lograr lo mismo en pacientes con MASH”.
El tratamiento estudiado es un medicamento inyectable que actúa sobre procesos clave del hígado relacionados con la grasa, el azúcar y la inflamación. De acuerdo con el Dr. Mazen Noureddin, su función no solo es reducir la grasa acumulada, sino también ayudar a disminuir la inflamación y fibrosis que va dañando y endureciendo el órgano.
El estudio también mostró que los resultados no se ven de inmediato. La cirrosis se desarrolla a lo largo de muchos años, por lo que revertir parte del daño también toma tiempo. Aunque hubo señales de mejoría desde los primeros meses, fue después de casi dos años de tratamiento continuo cuando los cambios en el hígado se hicieron más claros.
El Dr. Noureddin es muy cuidadoso al hablar del alcance del hallazgo. “No quiero llamarlo cura. Quiero llamarlo mejoría, porque todavía tenemos que revertir completamente la cicatrización y la grasa para poder decir que se trata de una cura. Pero sí es un paso en la dirección correcta, y además fue un paso muy difícil de alcanzar. Por eso lo consideramos un gran éxito.”
Más allá de la investigación, el especialista apunta a la calidad de vida y a la posibilidad de evitar un desenlace devastador. “Lo que queremos es prevenir que los pacientes desarrollen una cirrosis severa, insuficiencia hepática o que incluso mueran por esta enfermedad.”
Del evento y comunicado: La ciencia reta por primera vez la irreversibilidad de la cirrosis por MASH. Houston Methodist Hospital. Flow Immersive Communications. Ciudad de México, 20 de agosto de 2026.
Editado por: Miguel Alberto González Mendoza, para ser publicado en Atención Médica®.
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